Viendo la otra parte de la vida

 Un día dejé soltar mi mano y sin darme cuenta me dejé llevar por la imaginación que tenía cargada de alegría, angustia, ilusiones, pero nunca creí que iba a ser así, tan de esta manera hasta que un día, mi cuerpo me impulsó a un grito donde no había nadie que me escuchara, me di cuenta que estaba sola en medio de la nada son saber donde estaba parada. Así fue como empezé a notar que necesitaba un amor, alguien que me hiciera feliz, no podía aguantar las ganas de saber qué me iba a pasar, o qué sería de mi vida, entonces decidí poner en marcha mi corazón para darle libertad y felicidad, por un momento creí que se venía el mundo abajo pero no pude sostener en mi mano el peso de un diamante que me daba fuerzas para seguir adelante, que eso era lo único que me guiaba el resto de mi vida, estaba muy contenta porque sabía que el diamante era un mensaje . . . o quizás no. No importa, yo tenía mucha fe y estaba segura que era por algo muy especial, hasta hasta que " Un día" mi cara de alegría y felicidad se convirtieron  y se hicieron más especial todavía, se hizo tan misterioso que no sabíamos porqué habían tantas ilusiones, hasta que ese día, descubrimos que el diamante no era solo un objeto, si nó que también era una joya para ser tirada en el mar. Ésa era la regla. Triste, caminé hasta la orilla atravesando el mar y las olas, lo sostube fuerte por un momento, cerré los ojos y lo tiré. Que dios lo lleve hacia su destino, pero ese diamante grande, pesado y brilloso me hizo feliz por un día demostrándome que la felicidad sí existe

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